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dimarts, 7 de novembre del 2017

PSOE-PSC, que acumulamos mucho, que respiramos menos


Pedro Rodríguez me dijo hace demasiados años que el drama del PSOE empezó incluso antes de la gozosa mayoría absoluta de 1982. Fue cuando al mudarse para comparecer en el Congreso de Suresnes comprobó que el traje ideológico no le venía: el ropaje era el de siempre, pero al partido se le había ensanchado la cintura, adormecido en el confortable estorbo de salón que opuso a la dictadura del General Franco. La lucha de verdad la habían desempeñado otros, quizás menos glamurosos y no tan pequeño burgueses; posiblemente más obreros, desesperados y valerosos.

Más adelante llegaría la postal de Felipe y Alfonso cuerpo a tierra en las estrecheces de los escaños del Congreso de los Diputados mientras un achacoso líder comunista, con los dedos manchados de nicotina y las manos sucias de purgas cainitas, mantenía la compostura frente al sainete del quieto todo el mundo.

Luego, la victoria incontestable de manos de un electorado ciego ante el fulgor de una sonrisa juvenil bien alimentada por un verbo tan seductor como etéreo. Y con ella las mil y una traiciones acumuladas en más de una década de gobierno: cambios de sentido en nombre de la razón de estado, percibidos cada vez más como la renuncia al amago de utopía que parecía adivinarse en los viejos discursos. Vaivenes incomprensibles que justificaron el sí donde antes se había opuesto férrea resistencia al club militarista del Atlántico norte, la corrupción galopante, la especulación inmobiliaria, las reformas laborales, las patadas en la puerta, antesala de otro quieto todo el mundo con coartada legal, las primeras privatizaciones, los primeros asientos en consejos de administración a cuenta de incontables injusticias sociales…

Llegó, tras un paréntesis, la digresión de Zapatero, todo énfasis bienintencionado, todo gobierno infausto. Puro sujeto, verbo y predicado sin conectores eficientes y adecuados. Poco gobierno y mucha metáfora. Demasiadas mentiras.

En el largo camino fueron diluyendo las identidades. Cuanto más fuerte gritaban izquierda más lo contradecían las pulsiones. Perdieron predicamento obrero, si alguno conservaban, en el marasmo de un socialismo irreconocible. Hoy, oírles definirse como izquierda socialista, que ante todo es social, provoca sonrojo.  

Y Catalunya en el horizonte remoto en donde poner el huevo de la felonía, deseando que al rodar se pierda en el otro lado, el que no se percibe de tan lejano. Un laboratorio donde diluir la pócima del maragallismo en un apestoso ungüento cocido en la olla de las capitanías metropolitanas. Y la paradoja en forma de abandono del pilar municipalista, la base de un poder que se aleja para no volver, quizás jamás de los jamases.

Aquí va arribar el dia en què el PSC es va palpar per no trobar-se. Es va mirar en els bocins d’un mirall trencat i no va trobar cap imatge reflectida, només vocalització estèril i balls esbojarrats que no poden callar l’estrèpit d’un discurs absolutament mut. Desplaçat per la vitalitat post-psiquiàtrica de Ciutadans, sense lloc ni en el sermó ni en el territori on havia regnat amb una còmoda hegemonia.

Iceta es conforma amb la irrellevància. En té prou amb figurar entre bambolines com a parent pobre dels Capuletto, encara que sigui al preu del sacrifici de Julieta i també de Romeo. Potser amb la secreta pretensió de poder fer mutis després d’aplicar-se la frase del drama: “Anem, doncs, perquè és va buscar a qui no vol ser trobat”.

El PSOE i el PSC mai han estat del costat de la revolució, ni de la dels clavells ni de la de les roses, tampoc de la dels costums i encara menys de la dels somriures. Han fet costat a la repressió més ferotge i han quedat ben retratats a costat dels reaccionaris de tota la vida, però amb la boqueta petita, com de pinyó de panellet poc cuit.

Hi va haver un temps en què es van disfressar de reformisme, però de tant governar se’ls ha quedat cara d’espantall i un rictus com d’agror d’estómac, com de reflux de digestió mal acabada. I així és fa difícil presentar-se davant la ciutadania i demanar-li suport i complicitat. La vella militància, inclosos alguns amics, fuig d’aquesta mena d’apocalipsi zombie d’última hora, quan el partit pena incorpori i sense ànima a l’espera d’esmicolar-se com un Faust envellit de cop.

En les properes setmanes potser tornarem a trobar la direcció en espectacles impossibles, fent veure que tot és alegria, plaer i jovialitat. Però els ulls de l’Iceta contradiran aquesta fabulació i ens recordaran aquella frase de Charles Bukowski: “si penso que hauria de volar i en canvi m’arrossego, només em toca deprimir-me”.

dijous, 23 de juny del 2016

Viejos mensajes, nuevos medios



Imagen relacionadaLas revelaciones en torno a la concepción estalinista del estado de derecho que mantiene el ministro del interior en funciones, ha destapado algo que ya se venía apuntando en las últimas semanas: los nuevos medios de comunicación digitales se han erigido en la “vanguardia” informativa que socaba los viejos equilibrios favorables a las grandes corporaciones y sus medios convencionales.

Mientras las portadas de las ediciones digitales de los grandes periódicos se mostraban reacias a hacerse eco del ciclón que ha puesto patas arriba los últimos días de la campaña electoral, los nuevos medios se lanzaban al escrutinio crítico a toda pantalla. Las pulgadas de los instrumentos utilizados no han representado ningún obstáculo: 140 caracteres no dan para un artículo, pero pueden componer un titular demoledor.

Los púlpitos digitales han acogido a opinadores dispuestos a acumular prestigio por medio de análisis inoxidables, casi siempre fundamentados en cimientos académicos sólidos. La universidad ha reconquistado un espacio que había perdido hace muchas décadas. El fuste intelectual de estos francotiradores ha dinamitado el estatus quo de un entramado comunicativo monopolizado por las grandes corporaciones. Y de unos profesionales percibidos como elementos sistémicos de un régimen político que se está deshaciendo a marchas forzadas.

Asimismo, y en paralelo, la importancia cada vez mayor que se otorga a un uso eficiente de los nuevos instrumentos comunicativos —youtube, twitter, facebook o XXX— ha provocado una alteración del lenguaje electoral formal y de los códigos utilizados en la composición de los mensajes. En este sentido, cabe destacar la labor del equipo de comunicación de las confluencias podemitas —y la amplificación de sus producciones a través de un tupido entramado de simpatizantes que han desplegado una gran actividad en las redes—. En el apartado de los logros más significados, debo hacer una mención especial al grupo articulado alrededor del candidato Alberto Garzón, que se ha bautizado con el sugerente nombre de La Cueva.

El Partido Popular se ha mantenido en la línea anodina de siempre, aumentando, eso sí, su comparecencia en los instrumentos de comunicación emergentes. Lo mismo podríamos decir del PSOE, transitando también entre la irrelevancia y el aburrimiento.

Ciudadanos ha mostrado un carácter algo más innovador. Con un clímax indiscutible en la difusión del famoso vídeo del bar o, si se prefiere, del cuñadismo. El equipo de comunicación de Rivera anduvo más que listo programando su difusión en el momento en que más impactos generaría. De hecho, su indiscutible liderazgo de visualizaciones en youtube (quintuplicando al segundo) deja bien claro que se apuntaron un tanto cuyo impacto electoral habrá de estudiarse en el futuro.  

En Catalunya hemos asistido al renacer de la política comunicativa de Convergència, muy castigada por algunos errores que habían lastrado anteriores campañas. Merecen destacarse alguna de sus producciones, ciertamente atrevidas en el tratamiento de la imagen —a pesar del envaramiento característico de sus líderes, comprensible, por otra parte, en un partido conservador que quiere transmitir imagen de sensatez y orden—. El caso de Esquerra Republicana ha sido ciertamente decepcionante: no ha aprovechado el vacío dejado por la incomparecencia de la CUP, de largo la candidatura que hizo mejor campaña en los comicios al Parlament de Catalunya.

Una referencia final al medio que más conozco y que ha sido el gran olvidado por los equipos de comunicación en estos comicios: la radio. He de confesar que durante las últimas dos campañas he sentido vergüenza ajena ante el tratamiento Movierecord que todos los partidos han dado a sus cuñas propagandísticas. Únicamente el Partido Popular, gracias al uso del ¡silencio! en una de ellas, ha introducido un elemento novedoso. Del resto de las propuestas casi mejor ni hablar: el PSC (en las emisoras catalanas) ha regresado a la base sonora country que tan buenos resultados les dio en el pasado; Ciudadanos y su “imposible era sólo una opinión”, con aplausos enlatados de fondo, francamente daba pena; Convergencia, con fórmula coral e introducción de Micky Moto, no aportaba ninguna novedad destacable; Esquerra Republicana, la única alternativa posible, me llevaba a recordar el celebérrimo verso de Martí Pol: “tot està per fer”. Y acabo con un patinazo comunicativo suicida que puede marcar el final de la campaña: se trata de las horrorosa cuñas radiofónicas que estos últimos días ha lanzado En Comú Podem: en una de ellas Domènech nos llama a una ilusionante revolución de las sonrisas con la entonación que pondría cualquiera a quién le hubieran comunicado que padecía una enfermedad irreversible; en otra, Domènech nos anima a darlo todo en el empeño de conseguir algo grande, con voz de minero extenuado tras una jornada de veinticuatro horas. Bravo por el equipo de comunicación de En Comú Podem!   
  
Permitidme que acabe denunciado la conjura de los ciudadanos de Olesa de Montserrat, el pueblo en el que vivo. Sí, amigos, los olesanos se han confabulado para ignorar cualquier novedad que, en materia informativa, se produzca durante los últimos días de campaña. Dicen que prefieren celebrar como se merece la Festa Major. ¡Qué insensatez! O quizás no. Qué grande es mi pueblo que hace coincidir la eclosión del verano con la fiesta que nos permite disfrutar en las calles de nuestra mutua compañía. Y esta noche quemaremos los malos rollos, los desatinos, los pesares, los abatimientos y las angustias. A los olesanos no nos sirven ninguna de las cuñas de los partidos políticos, ni tenemos una concepción estalinista del estado de derecho, como el ministro del interior en funciones. La KGB no fiscaliza nuestros bailes, ni la CIA tampoco. Por ello, sé que si estáis en Olesa no os perderéis la fiesta, pero si no estáis aquí, venid.  

dimarts, 21 de juny del 2016

Curt de repertori




Fa poc vaig llegir a un crític queixar-se, en públic, que hi ha músics que composen la mateixa cançó centenars de vegades al llarg de la seva carrera. L’exemple que posava, francament, em va tocar la pera: Manolo García (ex-rápidos, ex-burros, ex-último de la fila i ara ell tot sol). Quina blasfèmia!

El cabreig em va durar setmanes, però la venjança va ser implacable: vaig buscar diversos articles de l’ofensor on vaig subratllar totes les reiteracions semàntiques i d’estil. N’hi havia un tou. Tots aquells retalls plens de fosforescències van ser tornats al remitent amb un comentari de collita pròpia escandalosament impertinent. No sé si vaig aconseguir desfer-li l’orgull, perquè no s’ha dignat a rebatre’m ni, i això dol, a respondre’m. Suposo que un cop rebut el recull ignominiós, es deuria preguntar qui era la serp verinosa que l’atabalava per una nimietat sense gaire importància; qui destil·lava tant de ressentiment per una simple opinió. Potser sí que em vaig passar (sense insultar-lo). És possible que algú amb estudis musicals tingui més criteri que no pas jo a l’hora de jutjar les composicions de Manolo García. La meva idolatria potser m’ha encegat i no he entès com pot ser d’irritant per a un esperit cultivat trobar-se sempre amb una menja amb els mateixos ingredients. En fi, que l’he perdonat. 

I un segon en fi: el debat electoral a 7, celebrat ahir a TVE, m’ha fet reflexionar sobre com d’irritant és tenir la sensació que algú, que va escàs de repertori i de talent creatiu, et fa perdre el temps d’una manera miserable. Ja sé que la repetició del missatge i, fins i tot de l’estil narratiu, és una tècnica molt emprada en màrqueting polític; però explicar els mateixos acudits i fer les mateixes gracietes amb només unes hores de diferència passa de mida.

Sí amics, Gabriel Rufián, va prendre’s el debat espanyol com un bis del català, on encastar els que van ser els moments top de la passada nit de glòria. L’error va ser majúscul per dos motius ben clars:

1.- Encara que no s’ho cregui, hi ha ciutadans que fan servir el comandament televisiu per anar canviant de cadena. I alguns espectadors van ser estorats testimonis del bolo de Rufián per les espanyes, amb les mateixes gracietes traduïdes que havien sentit la nit anterior en la nostra de tele: “a las once ha salido el gordo”, “estos señores (del PP) están por debajo del PACMA en Catalunya”...

2.- Els polítics espanyols són de diferent pasta que els catalans. Lluny d’incomodar-se, van posar cara de “si hay algún médico en la sala, que lo atienda”. Rufián encara no ha entès que els polítics que fan política a la capital es prenen molt seriosament a ells mateixos i que tenen un plus d’institucionalitat que no es veu pel Parc de la Ciutadella. Per això, en un moment del debat vaig intuir que el Somoano va estar a punt d’acostar-se-li per comprovar si el republicà tenia febre. En resum, que malgrat la bona voluntat, no li van fer ni cas.

Rufián, doncs, va suspendre de manera incontestable i sense dret a revisió d’examen, per no saber on era, què hi feia i per mostrar al respectable que va just de repertori.

Juan Carlos Girauta també va repetir arguments, però amb un posat més de corte del reino que tant agrada a la capital Només un detall va malmetre la seva posada en escena, un element impropi que el segueix relegant a la categoria de polític “de provincias que únicamente viene a Madrid a medrar”, segons generalització ofensiva del gran Cánovas del Castillo, ¡que era de Córdoba! Girauta no triomfarà a Madrid fins que canviï de sastre o deixi de comprar-se les americanes en el mercat ambulant del seu barri.

Pablo Casado, també és de províncies, però de les “aledañas”, d’Ávila, la de les muralles i els convents. El seu llenguatge mesetari, de castellà vell, de fill d’alguna cosa (hidalgo), empeltat d’anacrònica ampul·lositat imperial, va donar-nos algun dels moments més excitants de la nit, amb continues al·lusions al dimoni comunista, al populisme demagògic i als totalitarismes sectaris. Em va fer pensar que si aquesta és la saba nova del Partit Popular... Excessiu, exaltat, obsolet i massa Alatriste pel meu gust: l’heroi solitari, camí de l’ocàs espanyol, que encara no ha assumit que, des de fa segles, el sol es pon cada dia.

Isabel Rodríguez, del PSOE, va ser, de llarg, la més carbònica. Les seves intervencions energètiques van destacar per una estructuració simple i efectiva. Encara que no es va estar d’apuntar-lo, va arraconar l’argument del “lo que pudo ser y vosotros, Podemos, lo impedisteis”. Especialment brillant el seu minut final, amb una notable defensa dels valors que atribueix al socialisme genuí que, naturalment, a Espanya representa el seu partit.

Errejón va estar correcte, però no brillant. Suposo que ha interioritzat les consignes que arriben des de la direcció de campanya de Podemos: “nois i noies, ara freneu, no és el moment d’equivocar-se”. Una llàstima perquè ens va impedir gaudir del discurs sovent i intel·lectualment elaborat del número dos d’Unidos Podemos. Sóc de l’opinió que tanta contenció perjudicarà les expectatives de les confluències, si el que pretenen es fer el sorpasso definitiu i guanyar el PP. Entre d’altres motius per un de ben definit: el records més nítids que ens queden de la campanya de Podemos són les errades de Pablo Iglesias (la professió de fe socialdemòcrata, els elogis de Zapatero) i ambigüitats (consulta catalana), que han desconcertat a la parròquia pròpia i ha aixecat no poc rebuig en la gent de frontera.

Carles Campuzano. El convergent també va fer un digne paper, en consonància amb la seva dilatada experiència en la política madrilenya. Suposo que algun dia el faran tornar de l’exili en què ha viscut des de fa una colla d’anys. A Convergència no van sobrats i en Campuzano està molt per sobre la mitjana.

Acabo amb el representant del PNV, Aitor Esteban. Un que es trobava a disgust entre tant parent pobre. El model basc d’èxit va passar el cotó a la política espanyola i va concloure amb un vinga nois, no molesteu, que nosaltres tenim feina. Esteban també va traspuar convenciment, formalitat i un indiscutible complex de superioritat. Molt (pro)positiu, però distant.

Julio Somoano, el conductor, abans director d’informatius de TVE contestat pels sindicats a causa de la seva “militància i parcialitat”, va començar el debat amb una pregunta que donava la raó als que tant el van criticar: “¿què harían ustedes para seguir creando ocupación en España?”, com si la feina ens comencés a sortir per les orelles. Era evident que el presentador pretenia encarrilar el debat per la “senda” del discurs oficialista. No se’n va sortir i va optar per mantenir-se en un discret segon pla.

I així, com qui no vol la cosa, la campanya arriba als dies finals. Les audiències baixen, els espots intenten conquerir els indecisos, la xarxa no bull enèrgica, però fa xup xup. I aquesta nit, a Olesa, En Comú Podem organitza un acte electoral amb convidats de tercer nivell (tercer cercle, segons la seva pròpia terminologia). Amb tot, entre ells hi haurà el sempre interessant Raimundo Viejo. Tot molt menys multitudinari que aquells antics balls on es podien trobar burros lligats a la porta        


dimecres, 15 de juny del 2016

Mr. Bojangles, l’excepció en la fractura generacional


Fins no fa molt era habitual que en els principals actes de campanya electoral hi hagués lloc per a l’aparició estel·lar a alguna vella glòria de la formació que l'organitzava. Si es tractava d’un càrrec institucional, millor. Fraga, Pujol i González, per exemple, havien protagonitzat alguna d’aquestes compareixences públiques, on l’avi en qüestió gaudia de butlla per dir-les de l’alçada d’un campanar. Amb l’excusa que la carrossa ja no hi toca o, encara més sovint, que sap més el diable per vell que per diable, quan alguna d’aquestes patums s’enfilaven a l’escenari electoral, els índexs d’acceptació dels missatges pujaven com l’escuma. Darrerament, la visibilitat de “carcamals” ha patit una davallada més que significativa. El rellotge biològic, naturalment, és en part responsable d’aquesta invisibilitat, però no només. El qüestionament creixent del període de transició engegat a la mort del dictador, el col·lapse de l’estructura constitucional bastida aleshores, la projecció d’una imatge dels líders polítics dels anys 80, a mig camí entre el cinisme i la hipocresia, tot plegat ha contribuït al fet que moltes formacions polítiques considerin tòxica la presència d’aquestes velles patums en els actes o la publicitat de campanya. Pujol, Roca, Carod-Rovira, Rato, Aznar, González, Solana o Serra, per diferents motius, han esdevingut verí en la recepta de projecció pública que els seus partits volen cuinar. Però no són els únics. Altres dirigents més joves, prematurament jubilats, també han estat arraconats o directament enterrats sota tones d’oblit: Zapatero, Puigcercós, Camps, Ibarretxe. O s’hi han enterrat ells mateixos, perplexes davant el naufragi de les seves formacions.

Només un antic capitost resisteix estoicament el tsunami que devasta la memòria dels partits polítics que es volen 2.0. Sí, Artur Mas no acaba de fer el pas enrere; ni a Convergència, val a dir-ho, el volen retirar. Potser perquè, com qui diu, encara no fa quatre dies que va plegar. Potser perquè el partit encara no ha consolidat un successor amb prou garanties, o potser perquè l’actual fragilitat de la formació desaconsella exposar-la als cops d’aire d’una transformació traumàtica. Potser perquè la corrupció institucionalitzada encara no l’ha tacat prou. Potser perquè vol tornar i els seus correligionaris el veuen com l’únic amb prou tremp per conduir el carro en mig del pedregar. Qui sap per què? Però la veritat és que Mas és l’ombra d’Homs en tots els actes de la campanya pel 26J. Convergència no l’amaga, transmetent la idea que forma part del seu patrimoni net.

Ahir, sense anar més lluny, a les escales de la catedral de Tarragona, davant d’una audiència escadussera, ai, las! com diria la Rovira, el tàndem Homs-Mas va tornar a comparèixer —per cert, flanquejats per Ferran Bel, l’alcalde de Tortosa que en tota la història més ha contribuït a la desfeta convergent, amb la seva defensa del monument franquista de l’Ebre i la cartelleria de les eleccions del mes de desembre, la més lletja de la història universal de la democràcia, només superada per la de la també convergent Mercè Jou, l’any 2011, i la del Bloc Olesà de l’any 2007, on jo hi sortia i de la que espero que no quedi cap vestigi—. Homs i Mas, doncs, van ser els plats forts de l’acte de Tarragona, a les escales que pugen fins la catedral. 

(Quina mania de fer els actes a cel obert! Si no et garanteixes la presència massiva de seguidors, corres el risc de transmetre una imatge de liquidació imminent. Precisament la que van difondre els representants del centre dreta català, accentuada pel contrast de l’acte d’ERC a Amposta, amb la plaça plena i el Rufián ben pentinat).

Tot podria haver canviat, però, si Homs s’hagués marcat un Robbie Williams. Un número d’impacte d’aquells que donen la volta al món i, qui sap, poden canviar el signe d’una campanya que té tota la pinta d’acabar, per a ell, amb sanglots i llàgrimes en qualsevol sala del Majestic, si encara els arriben els diners per llogar-la la nit electoral. Us imagineu al Quico Homs, micròfon en mà, atacant els compassos de Mr. Bojangles, la popular cançó que parla d’una vella estrella de la dansa vinguda a menys? I us imagineu al Mas, al darrera, fent de Mr. Bojangles, marcant-se uns passos de claqué aprofitant els graons de la plaça? Ah! això sí que podria dinamitar les expectatives creixents dels podemites i l’autocomplaença eufòrica dels populars. I, a més, podria potenciar el discurs sentimental dels convergents i la projecció pública de l’antic president, amb una apel·lació directa al tracte injust que es dispensa als venerables jubilats quan els focus s’apaguen.

Comproveu doncs que la fractura generacional que ha obert un abisme entre els nous i els vells polítics, encara manté un pont que els comunica: el Mr. Bojangles de la metàfora marinera, l’Artur Mas que no pot deixar de ballar, encara que sigui a canvi de les molles del banquet de la nit del 26 de juny.

P.S.: En cap paràgraf d’aquest article he mencionat Julio Anguita. No ho he fet, de manera absolutament conscient, perquè m’espatllaria l’argument central. Ell és l’autèntica excepció, és encara un veritable referent per a les noves generacions que si el mantenen en zona fosca no és per raons de descrèdit personal o incoherència ideològica, sinó perquè tenen por que els renyi.

De la cançó Mister Bojangles se n’han fet moltíssimes versions des que va ser composada a meitat dels anys seixanta per Jerry Jeff Walker. Entre d'altres les de: Nitty Gritty Dirt Band; SammyDavis Jr.; Nina Simone; John Denver; la versió del musical Fosse... Totes les podreu trobar a youtube.   

 

dimarts, 14 de juny del 2016

Debate electoral a cuatro: apañados estamos



Sir Alec Guinnes afirmaba que, cuando llegaba a un teatro en el que había de representar una función, lo primero que hacía era memorizar sus dimensiones: la boca del escenario, su profundidad, la caída del telón, el abismo que se abre ante el foso de los músicos. Contaba el inolvidable actor que tal costumbre la adquirió cuando un primo suyo, también actor, aunque aficionado, se rompió la nariz al precipitarse sobre la platea por no haberse hecho con las anchuras, las superficies y las longitudes del escenario antes de que los focos lo cegasen. Desde muy joven, sir Alec aprendió, por nariz interpuesta, que hay que reconocer previamente el terreno en el que se va a trabajar y, si es posible, proponer los cambios y las extensiones que lo ayuden a uno.

El no debate a cuatro, entre los candidatos estatales a la presidencia del gobierno, tuvo un ganador incontestable: el equipo de campaña de Rajoy, el grupo de negociadores que consiguió disimular la miopía de su líder mediante el ejercicio de preparar el escenario de la manera que más le ayudaba. El Rajoy torpón y sin cintura se encontró con un terreno de disputa en el que le habían hecho la gracia de achicarle los espacios. Cierto es que, para ello, los diseñadores del encuentro se cargaron el debate, pero en el Partido Popular sabían que la simple comparecencia ya era una victoria.

Aburrido sin ambages, el debate a cuatro tuvo una primera parte especialmente soporífera, con un Rajoy que llevó la manija del espectáculo sin otro esfuerzo que asistir a los reproches cruzados entre sus rivales. Volviendo una y otra vez sobre la improbable creación de dos millones de puestos de trabajo, transcurrió toda la primera parte del debate a ritmo rajonita, que es sinónimo de caribeño. ¡Hasta la incombustible y siempre correcta Ana Blanco estuvo a punto de dormirse! 

Más tarde, cuando los escarceos se especiaron, la mitad de la audiencia se había quedado dormida con la televisión encendida, lo que sin duda desvirtuó los índices de audiencia. Otro acierto de los asesores del presidente en funciones: conseguir situar los temas favorables en los primeros minutos de la transmisión.

Iglesias, que era quien podía salir más escaldado, sacrificó su carismática egolatría a favor de un conservadurismo impropio. Cierto es que no se dejó la ventaja acumulada en los días previos, pero tampoco se mostró tan brillante como en ocasiones precedentes. El Iglesias antagónico dejó paso al Iglesias simplemente alternativo. Eso sí, consolidó una imagen de presidente posible, aunque no probable. Sin el encorsetamiento de las normas del debate podría haber destacado, pero tampoco le hizo ascos a un planteamiento ultradefensivo. Quizás porque sabía que el postdebate en las redes y en buena parte de los medios, el auténtico amplificador de los mensajes y de las impresiones, era suyo y de sus jóvenes aliados. Antes de empezar la retransmisión estaba claro que los “bacarios” podemitas iban a difundir eficientemente el triunfo de Pablo, hubiese vencido o no.

Lo de Pedro Sánchez, pero sobretodo lo de su equipo de campaña, fue sencillamente un horror. Instalado en el “señorita, Pablo y su primo Mariano me han mangado la merienda”, supuró resentimiento en cada una de sus intervenciones. Lamentable error estratégico que tuvo su punto culminante en el minuto final, en el que se dirigió a la audiencia como el mejor garante de la estabilidad “de sus hijos, y de sus nietos y nietas”. Una intervención en la que apeló al llamado voto Imserso, un segmento de población con el voto mayoritariamente decidio a favor del Partido Popular. Fue uno de aquellos momentos de oro que escasearon en el pseudodebate. Iglesias incluso sonrió: debe ser un ejemplo de la revolución de las sonrisas de la que tanto habla.

Rivera, el francotirador, intentó repartir a diestro y siniestro. De largo, el más agresivo que no el más oscuro (papel reservado a Sánchez). Espumoso en los planteamientos, algo crispado en el gesto, el líder de Ciudadanos buscó hacerse un espacio en un contexto que anticipaba su centrifugación hacia la periferia de la centralidad política del Estado. Emboscado en cada rincón oscuro, con una cartulina a punto de ser lanzada a la cabeza de sus rivales, únicamente perdió fuelle cuando se olvidó de la crítica razonada a favor de alguna fullería de político rancio. Rajoy e Iglesias no perdieron oportunidad, en estas ocasiones, de afear las trampas dialécticas de Rivera, lo que quito fuste y empaque al remarcable tono general de sus intervenciones.

¿Quién fue el gran perdedor del debate? Claramente la Academia de las Artes y las Ciencias de la Televisión, otra vez. Si en Diciembre fueron criticados sin piedad a causa del envaramiento de su presidente, en esta ocasión han recibido un castigo implacable por haber consentido un formato que ha vaciado de interés el debate. Si el periodismo se pliega a los límites impuetos por los políticos, la información deja paso a la propaganda. Y un debate electoral debería de tener más de material informativo que de producto propagandístico. Como diria el gran Obi Wan Kenobi (por boca del prudente Alec Guinnes): "Apañados estamos".