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dijous, 23 de juny del 2016

Viejos mensajes, nuevos medios



Imagen relacionadaLas revelaciones en torno a la concepción estalinista del estado de derecho que mantiene el ministro del interior en funciones, ha destapado algo que ya se venía apuntando en las últimas semanas: los nuevos medios de comunicación digitales se han erigido en la “vanguardia” informativa que socaba los viejos equilibrios favorables a las grandes corporaciones y sus medios convencionales.

Mientras las portadas de las ediciones digitales de los grandes periódicos se mostraban reacias a hacerse eco del ciclón que ha puesto patas arriba los últimos días de la campaña electoral, los nuevos medios se lanzaban al escrutinio crítico a toda pantalla. Las pulgadas de los instrumentos utilizados no han representado ningún obstáculo: 140 caracteres no dan para un artículo, pero pueden componer un titular demoledor.

Los púlpitos digitales han acogido a opinadores dispuestos a acumular prestigio por medio de análisis inoxidables, casi siempre fundamentados en cimientos académicos sólidos. La universidad ha reconquistado un espacio que había perdido hace muchas décadas. El fuste intelectual de estos francotiradores ha dinamitado el estatus quo de un entramado comunicativo monopolizado por las grandes corporaciones. Y de unos profesionales percibidos como elementos sistémicos de un régimen político que se está deshaciendo a marchas forzadas.

Asimismo, y en paralelo, la importancia cada vez mayor que se otorga a un uso eficiente de los nuevos instrumentos comunicativos —youtube, twitter, facebook o XXX— ha provocado una alteración del lenguaje electoral formal y de los códigos utilizados en la composición de los mensajes. En este sentido, cabe destacar la labor del equipo de comunicación de las confluencias podemitas —y la amplificación de sus producciones a través de un tupido entramado de simpatizantes que han desplegado una gran actividad en las redes—. En el apartado de los logros más significados, debo hacer una mención especial al grupo articulado alrededor del candidato Alberto Garzón, que se ha bautizado con el sugerente nombre de La Cueva.

El Partido Popular se ha mantenido en la línea anodina de siempre, aumentando, eso sí, su comparecencia en los instrumentos de comunicación emergentes. Lo mismo podríamos decir del PSOE, transitando también entre la irrelevancia y el aburrimiento.

Ciudadanos ha mostrado un carácter algo más innovador. Con un clímax indiscutible en la difusión del famoso vídeo del bar o, si se prefiere, del cuñadismo. El equipo de comunicación de Rivera anduvo más que listo programando su difusión en el momento en que más impactos generaría. De hecho, su indiscutible liderazgo de visualizaciones en youtube (quintuplicando al segundo) deja bien claro que se apuntaron un tanto cuyo impacto electoral habrá de estudiarse en el futuro.  

En Catalunya hemos asistido al renacer de la política comunicativa de Convergència, muy castigada por algunos errores que habían lastrado anteriores campañas. Merecen destacarse alguna de sus producciones, ciertamente atrevidas en el tratamiento de la imagen —a pesar del envaramiento característico de sus líderes, comprensible, por otra parte, en un partido conservador que quiere transmitir imagen de sensatez y orden—. El caso de Esquerra Republicana ha sido ciertamente decepcionante: no ha aprovechado el vacío dejado por la incomparecencia de la CUP, de largo la candidatura que hizo mejor campaña en los comicios al Parlament de Catalunya.

Una referencia final al medio que más conozco y que ha sido el gran olvidado por los equipos de comunicación en estos comicios: la radio. He de confesar que durante las últimas dos campañas he sentido vergüenza ajena ante el tratamiento Movierecord que todos los partidos han dado a sus cuñas propagandísticas. Únicamente el Partido Popular, gracias al uso del ¡silencio! en una de ellas, ha introducido un elemento novedoso. Del resto de las propuestas casi mejor ni hablar: el PSC (en las emisoras catalanas) ha regresado a la base sonora country que tan buenos resultados les dio en el pasado; Ciudadanos y su “imposible era sólo una opinión”, con aplausos enlatados de fondo, francamente daba pena; Convergencia, con fórmula coral e introducción de Micky Moto, no aportaba ninguna novedad destacable; Esquerra Republicana, la única alternativa posible, me llevaba a recordar el celebérrimo verso de Martí Pol: “tot està per fer”. Y acabo con un patinazo comunicativo suicida que puede marcar el final de la campaña: se trata de las horrorosa cuñas radiofónicas que estos últimos días ha lanzado En Comú Podem: en una de ellas Domènech nos llama a una ilusionante revolución de las sonrisas con la entonación que pondría cualquiera a quién le hubieran comunicado que padecía una enfermedad irreversible; en otra, Domènech nos anima a darlo todo en el empeño de conseguir algo grande, con voz de minero extenuado tras una jornada de veinticuatro horas. Bravo por el equipo de comunicación de En Comú Podem!   
  
Permitidme que acabe denunciado la conjura de los ciudadanos de Olesa de Montserrat, el pueblo en el que vivo. Sí, amigos, los olesanos se han confabulado para ignorar cualquier novedad que, en materia informativa, se produzca durante los últimos días de campaña. Dicen que prefieren celebrar como se merece la Festa Major. ¡Qué insensatez! O quizás no. Qué grande es mi pueblo que hace coincidir la eclosión del verano con la fiesta que nos permite disfrutar en las calles de nuestra mutua compañía. Y esta noche quemaremos los malos rollos, los desatinos, los pesares, los abatimientos y las angustias. A los olesanos no nos sirven ninguna de las cuñas de los partidos políticos, ni tenemos una concepción estalinista del estado de derecho, como el ministro del interior en funciones. La KGB no fiscaliza nuestros bailes, ni la CIA tampoco. Por ello, sé que si estáis en Olesa no os perderéis la fiesta, pero si no estáis aquí, venid.  

dimecres, 22 de juny del 2016

Quan la claveguera regolfa



Resultado de imagen de jorge fernández diaz enfadadoQue les clavegueres de l’Estat van plenes de porqueria pudent és cosa ben sabuda. Que el ministre de l’Interior sempre té la temptació de convertir-se en el pouaire del govern, tothom ho coneix. Que si el tal ministre té dèficit d’escrúpols pot arribar a rebentar la legitimitat democràtica de tot un sistema, no s’hauria d’oblidar. Que arrecerat en qualsevol ombra, durant una campanya electoral, hi podem trobar una gola profunda, ens ho van ensenyar Woodward i Bernstein. Fernández Díaz ha portat de la maneta Mariano Rajoy fins a la porta d’una suite de l’edifici Watergate.

L’Espanya dels dossiers ha pres el centre de l’escenari. La guerra bruta va camí de monopolitzar els darrers dies de campanya. Fernández Díaz i la seva fòbia antiindependentista han deixat al descobert un capteniment totalitari, que desperta un rebuig generalitzat. Aquesta revelació acaba definitivament amb el prestigi d’un govern que ja anava camí, tot sol, del descrèdit més punyent. I acaba amb la credibilitat d’un partit que l’opinió pública percep com en una maquinària institucionalitzada de corrupció. Però, compte, que encara que la porqueria ho empastifi tot, no doneu per enterrat el PP. Això sí, potser ha arribat l’hora de que us pregunteu què més hauria de passar perquè els populars perdessin les eleccions.

L’any 1968, una execrable matança en la Plaza de las Tres Culturas, va acabar amb la vida d’un nombre encara avui desconegut d’estudiants. La policia mexicana i un grup de paramilitars fortament armats van col·laborar en aquesta autèntica carnisseria que va escandalitzar mig món. Els responsables polítics d’aquell moment van justificar el comportament dels seus subordinats i el govern mexicà va continuar amb les seves funcions com si tal cosa. De fet, el president Ordaz Bolaños encara va ocupar el seu càrrec onze anys més, guanyant eleccions una darrera l’altra. La corrupció sistèmica, que s’havia instal·lat en el Mèxic del Partit Revolucionari Institucional, va amortir portes endins l’escàndol universal. Malgrat que l’estat mexicà va comportar-se com una organització criminal, una suposada raó d’Estat contra la subversió intel·lectual d’universitaris gairebé adolescents, no es va traduir en la regeneració d’un sistema polític podrit des dels seus fonaments. “La policia cumplió con su obligación en la salvaguarda de los valores del pueblo mexicano frente a la acción criminal de grupos radicales, financiados por potencias extranjeras”, va mentir Ordaz Bolaños. La manipulació de l’aparell de l’Estat va convertir la mentida en veritat i a les víctimes en agressors. Absoluta impunitat. 
  
Daniel de Alfonso, el director de l’Oficina Antifrau també ha quedat ben retratat per les revelacions del digital Público. I no únicament per ser el col·laborador necessari d’un ministre en la comissió d’un pressumpte delicte, sinó perquè, per si no n’hi hagués prou, s’ha atrevit a responsabilitzar el PSC de ser el responsable de la filtració que ha posat al descobert la conxorxa repugnant. Sense proves, sense rigor, només fent servir una més que dubtosa intuïció i la proximitat de l’obertura d'una investigació per finançament il·legal contra aquest partit.

Les clavegueres de l’Estat han regolfat. És a dir, la porqueria ha topat amb l’obstacle d’un ministre que viu permanentment en el subsòl proveït de botes d’aigua. La immundícia ha sortit a la superfície per empudegar-ho tot. L’ambient és irrespirable i el president del govern diu que mai va notar la ferum. Ara només cal que els ciutadans prenguin la iniciativa en la neteja que l’Estat és mereix. La campanya electoral arriba a la seva fi i els errors ja no es poden corregir. Segons la meva humil opinió, a Catalunya diumenge es notarà que la claveguera ha regolfat aquestes darreres hores. Però què passarà en la resta de l'Estat?

 

dimecres, 15 de juny del 2016

Mr. Bojangles, l’excepció en la fractura generacional


Fins no fa molt era habitual que en els principals actes de campanya electoral hi hagués lloc per a l’aparició estel·lar a alguna vella glòria de la formació que l'organitzava. Si es tractava d’un càrrec institucional, millor. Fraga, Pujol i González, per exemple, havien protagonitzat alguna d’aquestes compareixences públiques, on l’avi en qüestió gaudia de butlla per dir-les de l’alçada d’un campanar. Amb l’excusa que la carrossa ja no hi toca o, encara més sovint, que sap més el diable per vell que per diable, quan alguna d’aquestes patums s’enfilaven a l’escenari electoral, els índexs d’acceptació dels missatges pujaven com l’escuma. Darrerament, la visibilitat de “carcamals” ha patit una davallada més que significativa. El rellotge biològic, naturalment, és en part responsable d’aquesta invisibilitat, però no només. El qüestionament creixent del període de transició engegat a la mort del dictador, el col·lapse de l’estructura constitucional bastida aleshores, la projecció d’una imatge dels líders polítics dels anys 80, a mig camí entre el cinisme i la hipocresia, tot plegat ha contribuït al fet que moltes formacions polítiques considerin tòxica la presència d’aquestes velles patums en els actes o la publicitat de campanya. Pujol, Roca, Carod-Rovira, Rato, Aznar, González, Solana o Serra, per diferents motius, han esdevingut verí en la recepta de projecció pública que els seus partits volen cuinar. Però no són els únics. Altres dirigents més joves, prematurament jubilats, també han estat arraconats o directament enterrats sota tones d’oblit: Zapatero, Puigcercós, Camps, Ibarretxe. O s’hi han enterrat ells mateixos, perplexes davant el naufragi de les seves formacions.

Només un antic capitost resisteix estoicament el tsunami que devasta la memòria dels partits polítics que es volen 2.0. Sí, Artur Mas no acaba de fer el pas enrere; ni a Convergència, val a dir-ho, el volen retirar. Potser perquè, com qui diu, encara no fa quatre dies que va plegar. Potser perquè el partit encara no ha consolidat un successor amb prou garanties, o potser perquè l’actual fragilitat de la formació desaconsella exposar-la als cops d’aire d’una transformació traumàtica. Potser perquè la corrupció institucionalitzada encara no l’ha tacat prou. Potser perquè vol tornar i els seus correligionaris el veuen com l’únic amb prou tremp per conduir el carro en mig del pedregar. Qui sap per què? Però la veritat és que Mas és l’ombra d’Homs en tots els actes de la campanya pel 26J. Convergència no l’amaga, transmetent la idea que forma part del seu patrimoni net.

Ahir, sense anar més lluny, a les escales de la catedral de Tarragona, davant d’una audiència escadussera, ai, las! com diria la Rovira, el tàndem Homs-Mas va tornar a comparèixer —per cert, flanquejats per Ferran Bel, l’alcalde de Tortosa que en tota la història més ha contribuït a la desfeta convergent, amb la seva defensa del monument franquista de l’Ebre i la cartelleria de les eleccions del mes de desembre, la més lletja de la història universal de la democràcia, només superada per la de la també convergent Mercè Jou, l’any 2011, i la del Bloc Olesà de l’any 2007, on jo hi sortia i de la que espero que no quedi cap vestigi—. Homs i Mas, doncs, van ser els plats forts de l’acte de Tarragona, a les escales que pugen fins la catedral. 

(Quina mania de fer els actes a cel obert! Si no et garanteixes la presència massiva de seguidors, corres el risc de transmetre una imatge de liquidació imminent. Precisament la que van difondre els representants del centre dreta català, accentuada pel contrast de l’acte d’ERC a Amposta, amb la plaça plena i el Rufián ben pentinat).

Tot podria haver canviat, però, si Homs s’hagués marcat un Robbie Williams. Un número d’impacte d’aquells que donen la volta al món i, qui sap, poden canviar el signe d’una campanya que té tota la pinta d’acabar, per a ell, amb sanglots i llàgrimes en qualsevol sala del Majestic, si encara els arriben els diners per llogar-la la nit electoral. Us imagineu al Quico Homs, micròfon en mà, atacant els compassos de Mr. Bojangles, la popular cançó que parla d’una vella estrella de la dansa vinguda a menys? I us imagineu al Mas, al darrera, fent de Mr. Bojangles, marcant-se uns passos de claqué aprofitant els graons de la plaça? Ah! això sí que podria dinamitar les expectatives creixents dels podemites i l’autocomplaença eufòrica dels populars. I, a més, podria potenciar el discurs sentimental dels convergents i la projecció pública de l’antic president, amb una apel·lació directa al tracte injust que es dispensa als venerables jubilats quan els focus s’apaguen.

Comproveu doncs que la fractura generacional que ha obert un abisme entre els nous i els vells polítics, encara manté un pont que els comunica: el Mr. Bojangles de la metàfora marinera, l’Artur Mas que no pot deixar de ballar, encara que sigui a canvi de les molles del banquet de la nit del 26 de juny.

P.S.: En cap paràgraf d’aquest article he mencionat Julio Anguita. No ho he fet, de manera absolutament conscient, perquè m’espatllaria l’argument central. Ell és l’autèntica excepció, és encara un veritable referent per a les noves generacions que si el mantenen en zona fosca no és per raons de descrèdit personal o incoherència ideològica, sinó perquè tenen por que els renyi.

De la cançó Mister Bojangles se n’han fet moltíssimes versions des que va ser composada a meitat dels anys seixanta per Jerry Jeff Walker. Entre d'altres les de: Nitty Gritty Dirt Band; SammyDavis Jr.; Nina Simone; John Denver; la versió del musical Fosse... Totes les podreu trobar a youtube.   

 

dimarts, 14 de juny del 2016

Debate electoral a cuatro: apañados estamos



Sir Alec Guinnes afirmaba que, cuando llegaba a un teatro en el que había de representar una función, lo primero que hacía era memorizar sus dimensiones: la boca del escenario, su profundidad, la caída del telón, el abismo que se abre ante el foso de los músicos. Contaba el inolvidable actor que tal costumbre la adquirió cuando un primo suyo, también actor, aunque aficionado, se rompió la nariz al precipitarse sobre la platea por no haberse hecho con las anchuras, las superficies y las longitudes del escenario antes de que los focos lo cegasen. Desde muy joven, sir Alec aprendió, por nariz interpuesta, que hay que reconocer previamente el terreno en el que se va a trabajar y, si es posible, proponer los cambios y las extensiones que lo ayuden a uno.

El no debate a cuatro, entre los candidatos estatales a la presidencia del gobierno, tuvo un ganador incontestable: el equipo de campaña de Rajoy, el grupo de negociadores que consiguió disimular la miopía de su líder mediante el ejercicio de preparar el escenario de la manera que más le ayudaba. El Rajoy torpón y sin cintura se encontró con un terreno de disputa en el que le habían hecho la gracia de achicarle los espacios. Cierto es que, para ello, los diseñadores del encuentro se cargaron el debate, pero en el Partido Popular sabían que la simple comparecencia ya era una victoria.

Aburrido sin ambages, el debate a cuatro tuvo una primera parte especialmente soporífera, con un Rajoy que llevó la manija del espectáculo sin otro esfuerzo que asistir a los reproches cruzados entre sus rivales. Volviendo una y otra vez sobre la improbable creación de dos millones de puestos de trabajo, transcurrió toda la primera parte del debate a ritmo rajonita, que es sinónimo de caribeño. ¡Hasta la incombustible y siempre correcta Ana Blanco estuvo a punto de dormirse! 

Más tarde, cuando los escarceos se especiaron, la mitad de la audiencia se había quedado dormida con la televisión encendida, lo que sin duda desvirtuó los índices de audiencia. Otro acierto de los asesores del presidente en funciones: conseguir situar los temas favorables en los primeros minutos de la transmisión.

Iglesias, que era quien podía salir más escaldado, sacrificó su carismática egolatría a favor de un conservadurismo impropio. Cierto es que no se dejó la ventaja acumulada en los días previos, pero tampoco se mostró tan brillante como en ocasiones precedentes. El Iglesias antagónico dejó paso al Iglesias simplemente alternativo. Eso sí, consolidó una imagen de presidente posible, aunque no probable. Sin el encorsetamiento de las normas del debate podría haber destacado, pero tampoco le hizo ascos a un planteamiento ultradefensivo. Quizás porque sabía que el postdebate en las redes y en buena parte de los medios, el auténtico amplificador de los mensajes y de las impresiones, era suyo y de sus jóvenes aliados. Antes de empezar la retransmisión estaba claro que los “bacarios” podemitas iban a difundir eficientemente el triunfo de Pablo, hubiese vencido o no.

Lo de Pedro Sánchez, pero sobretodo lo de su equipo de campaña, fue sencillamente un horror. Instalado en el “señorita, Pablo y su primo Mariano me han mangado la merienda”, supuró resentimiento en cada una de sus intervenciones. Lamentable error estratégico que tuvo su punto culminante en el minuto final, en el que se dirigió a la audiencia como el mejor garante de la estabilidad “de sus hijos, y de sus nietos y nietas”. Una intervención en la que apeló al llamado voto Imserso, un segmento de población con el voto mayoritariamente decidio a favor del Partido Popular. Fue uno de aquellos momentos de oro que escasearon en el pseudodebate. Iglesias incluso sonrió: debe ser un ejemplo de la revolución de las sonrisas de la que tanto habla.

Rivera, el francotirador, intentó repartir a diestro y siniestro. De largo, el más agresivo que no el más oscuro (papel reservado a Sánchez). Espumoso en los planteamientos, algo crispado en el gesto, el líder de Ciudadanos buscó hacerse un espacio en un contexto que anticipaba su centrifugación hacia la periferia de la centralidad política del Estado. Emboscado en cada rincón oscuro, con una cartulina a punto de ser lanzada a la cabeza de sus rivales, únicamente perdió fuelle cuando se olvidó de la crítica razonada a favor de alguna fullería de político rancio. Rajoy e Iglesias no perdieron oportunidad, en estas ocasiones, de afear las trampas dialécticas de Rivera, lo que quito fuste y empaque al remarcable tono general de sus intervenciones.

¿Quién fue el gran perdedor del debate? Claramente la Academia de las Artes y las Ciencias de la Televisión, otra vez. Si en Diciembre fueron criticados sin piedad a causa del envaramiento de su presidente, en esta ocasión han recibido un castigo implacable por haber consentido un formato que ha vaciado de interés el debate. Si el periodismo se pliega a los límites impuetos por los políticos, la información deja paso a la propaganda. Y un debate electoral debería de tener más de material informativo que de producto propagandístico. Como diria el gran Obi Wan Kenobi (por boca del prudente Alec Guinnes): "Apañados estamos".   

   

dilluns, 13 de juny del 2016

El debat a quatre, apaga y vámonos



Ha arribat el dia del gran debat de campanya, el debat a quatre entre els líders de les formacions estatals que margina qualsevol altra proposta, qualsevol altre lideratge. El debat d’un nou sistema d’equilibris polítics que ha deixat enrere un bipartidisme ranci i l’ha substituït per un joc a quatre no menys carrincló. Un quatripartit que, com tot instrument polític, té una natural tendència caïnita cap a la simplificació extrema. A priori, un debat, el d’aquesta nit, que es planteja com una compareixença pública de dos líders amb vocació protagònica i dues comparses amb la desventurada funció d’acabar d’omplir l’escenari. La sublimació d’una polarització entre dues concepcions ideològiques antagòniques en aparença, amb el complement de dos secundaris que no acaben de ser percebuts ni com a carn ni com a peix. El debat previ a la imminent desconnexió de l’electorat amb una campanya que interessa poc. Quedar bé avui és cabdal pels candidats. A partir de demà, un segment significatiu del trenta per cent d’indecisos probablement ja haura triat. Qui avui guanyi tindrà bona part del camí recorregut perquè els perdedors difícilment tindran cap altra oportunitat d’arreglar l’esguerrada, amb el públic posant l’atenció en algun altre assumpte.

Rajoy hi arriba amb tot perdut, amb tot per guanyar. Seria una autèntica sorpresa que aquesta nit no sortís del plató apallissat. El president en funcions és un autèntic desastre en la conversa distesa, en la improvisació empàtica (fa pocs dies, davant uns nens, va justificar la “colleja” que li havia fotut al seu fill per haver dit públicament el que no tocava). Tot el que no sigui rebre a consciència, serà percebut com un autèntic èxit per l’equip de campanya del Partit Popular. Segur que ahir, mentre preparaven el debat, no paraven de repetir al seu candidat que callés quan més millor: “si no dius res, els ciutadans poden arribar a pensar que tens alguna cosa a dir, però que la sensatesa t’impedeix parlar en mig d’un guirigall de trepes ambiciosos”.

Pablo Iglesias és qui té més a perdre aquesta nit. Les confluències de Podemos hi arriben a velocitat de creuer, camí del sorpasso definitiu, que no és altre que prendre-li al PP la primera posició. A sobre, ahir mateix, el seu company Alberto Garzón, el simpàtic acneàtic, l’os amorós de l’esquerra recauxutada, va guanyar el monogràfic sobre economia. La cosa té la seva paradoxa: Garzón, que en números va justet, va ser capaç de tombar amb la seva oratòria Pocoyo a un estel d’especialistes de primer nivell: De Guindos, Sevilla, Garicano. Amb aquests antecedents, Iglesias no pot fallar. Ja sabem que és habil en el cos a cos, ràpid en la rèplica i sobradament preparat en bona part dels temes que aquesta nit centraran l’atenció dels espectadors. Però, ull, que avui ja és tot un candidat a la presidència del govern. S’han superat els dies en què passejava pels platós de televisió amb propostes maximalistes i inviables, o aquells altres en que presentava plans de govern amb la convicció que no aniria més enllà de liderar una oposició combativa. Avui, Iglesias arriba investit d’alternativa factible, a un pas d’enfonsar el PP a la misèria, però també massa a prop dels que el segueixen com per a confiar-se excessivament. En llenguatge antic, podríem dir que aquesta nit és la de la revalida de Pablo Iglesias. Ell, passi el que passi, serà el gran protagonista. Tot es llegirà en clau de com surten les confluències i el seu líder d’aquest repte televisiu.

Pedro Sánchez, pel contrari, hi arriba com a secundari d’última oportunitat. Recorda a aquelles antigues estrelles del cinema mut, atlètiques i heroiques, que el sonor va enviar al més cru ostracisme. Va ser quan a la imatge se li va afegir el discurs. Tots coneixem de sobres les limitacions del primer secretari del PSOE, el seu excés de midó i el monstruós pes de l’equipatge que carrega (la Susana Díaz és a la política socialista el que el baul de la Piquer era a l’univers de la copla). Però ull, perquè una actuació brillant de Sánchez en el debat d’aquesta nit pot introduir un element d’incertesa en el curs “natural” per on transita la campanya, que podria arribar a capgirar-ho tot. Faria bé Rajoy d’acostar-se al seu rival castós (arrimar el ascua a la sardina), buscant confort en la discussió, però també comoditat de cara a futur. I més, quan Sánchez ha fet pública contrició dient que insultar Rajoy va ser, segons opinió contrastada, un error.

Rivera, com la Raquel de la sèrie de televisió, “busca su sitio”. Ja fa dies que s’ha perdut i no s’acaba de trobar. El seu discurs ha envellit i cada cop s’assembla més al de l’emperador del paralelo que fa vuitanta anys va inflamar una part de la societat catalana, però que mai va passar d’ocupar un lloc de comparsa folklòrica. El pacte fallit en la investidura de Sánchez, que en un dia va passar de pacte de perdedors a pacte de fracassats, li ha passat una factura ben onerosa. Aquesta nit, per tant, haurà de visualitzar el trencament d’aquell acord sense recorregut. Rivera probablement equilibrarà els seus atacs. Dispararà, en sentit figurat, contra qualsevol que es mogui, l’ombra de Girauta és allargada (alguns amics comunicadors canviarien això de l’ombra per la mala sombra). El líder de Ciutadans té una necessitat urgent de treure el cap i, probablement, serà el més agosarat en la seva posada en escena. No cridar l’atenció podria significar la fi prematura de l’eclosió d’un projecte fins ara no nat (o quasi).

Així, doncs, al debat d’aquesta nit Podemos arriba viento en popa a toda vela. A Iglesias li han recomanat contenció i, si és possible, ensenyar sempre a càmera el seu costat bo, amagant les arestes que l’han convertit en un dels polítics pitjor valorats de l’estat espanyol (ull, entre els seus rivals). Ara bé, tampoc pot passar-se de conservador perquè d’ell no s’espera això, sinó tot el contrari. Iglesias té davant seu el repte de ser capaç d’equilibrar-se en directe, improvisant no solament en el discurs, sinó també en el capteniment. L’ajudaria molt que els altres l’ataquessin a mata-degoll.

Rajoy també somia en un tres contra ell per tal de mostrar-se com el diferent, el raonable, el sensat, la víctima propiciatòria d’un aquelarre d’extremistes. A mi em sembla, però, que les coses aniran d’una altre manera. Els resultats de les enquestes ja han posat en marxa les calculadores i, per a molts, aquest debat no és el moment de fer estrips que no es puguin sargir en el futur.

A Sánchez i Rivera aquesta nit els toca reivindicar-se. Però els errors del passat més recent llasten el seu discurs i els escenaris previsibles del 27, també. L’un i l’altre parlaran de regeneració, però segur que els decibels baixaran significativament respecte dels emprats el passat mes de desembre.

He d’acabar escrivint, com a català responsable que sóc, dels grans absents del debat televisiu: Gabriel Rufián i Francesc Homs.

A Esquerra Republicana se’ls ha girat feina si no volen acabar la cursa electoral a anys llum d’En Comú Podem. Aquest primers dies ens han deixat veure una campanya rància i sense gràcia. Tenen un evident problema de comunicació, o d’anàlisi factual. Però no patiu que tot això ho arreglarà el Carles A. Foguet, olesà de pro que dirigeix de fa poc aquest negociat al vell partit republicà. Estic segur de que una de les primeres coses que farà, en el seu nou càrrec, serà prohibir l’ús de l’expressió Ai, las! en els actes públics dels partits. La senyora Rovira va tenir la gosadia de fer servir aquest fòssil dialèctic en un acte de campanya aquest cap de setmana I, clar, els periodistes perversos van destacar aquest tros que ha sortit en tots els talls dels mitjans de comunicació. I que ningú s’ho prengui pel costat conspiratori. Si l’Albert Rivera hagués fet servir la paraula cáspita també ho haguessin destacat, idem si Iglesias hagués utilitzat pardiez o voto a bríos. En fi, que el senyor Foguet, a qui La Vanguardia va escriure una necrològica laudatòria quan va ser nomenat, no ho té senzill. A Nou Barris, a Badia i a Fondo encara riuen ara de l’Ai, las! de la Rovira i, per descomptat, els vots d’aquests barris també ajuden a guanyar unes eleccions. Jo també prometo no fer servir més la paraula capteniment (si ho puc evitar). Rufiàn segur que no hagués fet servir l'Ai, las! en el debat. Enyorarem el seu discurs dinàmic i endreçat, però sobretot enyorarem el lleu moviment de cella amb què acostuma a sentar càtedra.

Pel que fa al senyor Homs, també absent per incompareixença forçada aquesta nit, està fent una campanya més aviat desventurada: acompanyat tothora per Mas (Mr. Bojangles, i un altre dia ja ho explicaré) i Puigdemont (fins i tot sense corbata). Ni tan sols li van deixar  fer els cors del President quan l’altre dia va tocar amb els Sopa de Cabra. Quin destí anguniós el del candidat convergent opacat a casa i ignorat a fora.