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dimecres, 9 de novembre del 2016

El elector emancipado (II) Diez razones para una debacle ¿inesperada?


Resultado de imagen de the deer hunterAyer mismo, en mi último artículo de pre campaña alertaba de la preferencia perniciosa de los asesores de Clinton por los usos comunicativos opulentos. Una práctica desmedida que menospreciaba la carta de apoyo de un joven quarterback, contraponiéndola al sustento de fulgurantes estrellas, habitualmente inaccesibles para el americano medio. Qué gran error el despliegue impúdico del primer gran establishment americano, por encima del político: el del show bussines y de la “inteligencia sensible”.

Pero no mitifiquemos la jerarquía del epílogo en una campaña que ha sido desastrosa de principio a fin. Permitidme que, con toda modestia, desgrane hasta diez razones que explican la debacle de Clinton, cuyo corolario fue la lectura en el bando rival del sencillo manifiesto de un joven robusto, que encarna el sueño del americano medio del que mayoritariamente no se quiere despertar.

1.- Empiezo por una razón de carácter general: el equipo de la secretaria Clinton no ha sido capaz de leer el partido. Siempre ha ido a remolque, al ritmo que más convenía al rival. Ha malgastado esfuerzos y recursos nadando a contracorriente, generando desequilibrio en el bando de los seguidores propios y huecos en su defensa, que sus contrincantes aprovechaban sin esfuerzo. Es particularmente elocuente la dispar financiación de la campaña y la ineficiente aplicación de los recursos obtenidos: Clinton ha triplicado el presupuesto de Trump, según el New York Times, mientras que los resultados han sido devastadores.

2.- La cainita, larguísima y cruenta batalla desplegada en las primarias del partido demócrata. En primer lugar, por la solvencia del contrincante a batir, Bernie Sanders, y su carácter de outsider en un contexto en el que las estructuras de los partidos políticos convencionales, y la deteriorada imagen de sus líderes, iban a favor de candidaturas y candidatos alternativos. De tal modo que las primarias demócratas se jugaron en el embarrado terreno que se despliega entre lo de siempre y lo nuevo, entre lo delusorio y lo ilusionante, en un ambiente de última oportunidad para una formación política que se había mostrado impotente a la hora de espolear las principales reformas de Obama. Bernie Sanders desenmascaró el carácter de peso muerto del establishment demócrata e identificó a Hillary, sin esfuerzo, como uno de los elementos estructurales a los que había que combatir. Sus seguidores, injustamente vencidos, según propia opinión, por una élite que, como en tantas ocasiones, marginaba sus legítimas aspiraciones en beneficio de sus espurios cambalaches, volvió a casa con la determinación de dar la espalda a quien sabían por experiencia dolorosa que no era una de las suyas. Hillary se hizo con la nominación demócrata acarreando muchas magulladuras y no pocas heridas.

3.- La parada de los monstruos/candidatos en las primarias republicanas que allanó el camino de Trump a la nominación del partido del elefante y apenas lo desgastó. Aquí bien se podría decir que el friki mayor era el propio magnate. Y quizás sea cierto, pero aun siéndolo no era tan rancio como aquel que hablaba directamente con Dios, o aquel otro que aseguraba que era inadmisible una educación que obviaba que el Señor creó al hombre a su imagen y semejanza. Conviene no olvidar también que, durante las primarias, el equipo de Trump fue capaz de ponerse a favor del viento que soplaba con fuerza inusitada. Desbrozado el camino de los oponentes a priori más destacados (y que curiosamente fueron los primeros en caer), a Trump únicamente le quedó identificar a sus aberrantes rivales con la estructura institucional republicana y erigirse como el outsider mejor situado para ponerla patas arriba. Y al contrario que Hillary, salió reforzado de las primarías con apenas unos pocos rasguños.

4.- El error de centrar el intercambio de golpes en el cuerpo a cuerpo. Los asesores de campaña de Clinton permitieron que la pugna definitiva se librará en un lodazal que aseguraba una gran ventaja para quien supiera desenvolverse mejor en la corta distancia. Y Hillary es más bien una fina estilista que se maneja con solvencia en los terrenos medios. El barriobajero Trump, con sus técnicas de predicador de telebasura, fue capaz de llevar la pugna a su terreno y desarbolar la estrategia rival (si es que en algún momento fueron capaces de definir alguna).

5.- La irrelevancia aparente de los debates entre candidatos. El equipo de Trump acudió con el único objetivo de asegurar la supervivencia de su patrocinado. Todo parecía apuntar a una victoria sin paliativos de la formal Hillary en el marco de unos encuentros ordenados, pautados y sobrios. Pero de nuevo Trump fue capaz de enfangar su desarrollo con un despliegue inusitado de maniobras de distracción que encerraron a su rival en un laberinto que le impidió mostrar su principal activo, su excelente bagaje político y su capacidad personal. De nuevo la fina estilista sucumbió ante el correoso aspirante, puesto que no desarbolarlo definitivamente le dio un aire con el que, a priori, nadie contaba.

6.- El uso inteligente, y tramposo, de las nuevas tecnologías. Trump y su equipo, imbuidos en la certeza de que la notoriedad abre las puertas a la aceptación a medio plazo, se hicieron presentes en las redes aun a costa de generar no pocas reacciones adversas: el uso masivo de bots que difundían mensajes a diestro y siniestro sin otra función que la de amplificar con agilidad las ideas fuerza del candidato. En el otro bando, lo que se ganaba en elaboración del mensaje se perdía en rapidez y agilidad. Los asesores de Clinton mostraron una impericia singular al tropezar en la misma piedra que les había provocado no pocos dolores de cabeza en el enfrentamiento previo con Sanders. En este punto concreto se hizo más evidente la desmovilización y desafección de los jóvenes partidarios del senador de Vermont.

7.- La estructura del mensaje. Ya he dejado escrito que la difusión de las propuestas de Trump, y de sus excesos verbales, incluía no pocos elementos de fullería cibernética. Pero el principal de todos ellos tiene que ver con el contenido y la estructura del propio mensaje. Más allá del límite de los 140 caracteres, los asesores de Trump se han dedicado a bombardear las defensas enemigas con proyectiles de estructura simplísima —sujeto, verbo, complemento—, pero de imposible refutación siguiendo la misma simplicidad esquemática. Esta estrategia de lluvia menuda ha ido calando ante la impotencia de los demócratas que difundían respuestas mucho más elaboradas. He de reconocer, sin embargo, que el pequeño formato es el más indicado para difundir las mayores barbaridades, mientras que a quien pretende construir en abstracto le es necesaria una estructura más sólida. Y que suele ser más rentable atacar que defenderse. Pero el equipo de Hillary a partir de un determinado momento quiso competir en sordidez y, como se ha visto, en el lodazal Trump se movía mejor.

8.- El uso eficiente de los peones territoriales. Y aquí se produce un hecho paradójico: ha sido precisamente quien no contaba con el respaldo unánime de un partido consolidado el que ha movilizado mejor a sus partidarios distribuidos por el territorio. Hillary y su equipo se han centrado en la organización de actos con carga partidista, multitudinarios y vistosos, olvidando que el descrédito de los partidos venía pasando factura lejos de la capital federal y las grandes aglomeraciones (que también). Parece claro que las elecciones no se ganan únicamente en el breve período de la campaña electoral. En sentido inverso, podemos afirmar que las elecciones se pueden perder antes de que la campaña propiamente dicha comience. En el caso de las elecciones USA 2016, parece claro que ambos partidos han dispuesto de cuatro años para ir perdiéndolas, mientras que Trump ha interpretado que la desafección general podía beneficiarlo aunque su propio partido fuese por el pedregal. Y ha aprovechado el poco tiempo del que disponía, aplicando cataplasmas que han nacido de la certeza de que desde Washington estas elecciones no se iban a ganar.



9.- Ya lo mencioné en el artículo de ayer y creo que ha llegado la hora de recuperarlo: los asesores demócratas han ido a la deriva durante toda la campaña intentando transmitir una imagen de la candidata que nada tenía que ver con las certezas que los electores tenían sobre Hillary y su circunstancia. La Clinton no es, ni ha sido, ni será una dulce abuelita, una esposa abnegada o una política empática, accesible y amable. Hillary es, ha sido, y ya no podrá continuar siendo, una política de carta cabal, una luchadora incansable, una señora ambiciosa, implacable y un punto despiadada. Pienso que aquí se deberían haber centrado sus asesores, en la difusión de una imagen de gestora eficiente, seria, solvente y experimentada. Y fijaos que lo tenían fácil, puesto que enfrente estaba un alocado con un bagaje empresarial terrorífico. Pero pusieron el acento en hacer visible la pugna en el terreno del playboy tarambana frente a abuelita apacible; no destacaron suficientemente la lucha entre una administradora capaz y un extravagante ricachón con tendencia a la quiebra fraudulenta. En el abc de la comunicación política se sostiene que es labor imprescindible presentar una imagen pública del candidato que no sea contradictoria con la que los electores se han forjado previamente. El equipo de Clinton no ha seguido esta sabia aportación teórica. Por eso la abuela apacible y dulce se ha convertido, a ojos de una parte mayoritaria de la opinión pública, en una vieja hipócrita.

10.- Las encuestas. Una vez más, y ya parece un fenómeno de alcance universal, han vuelto a fallar estrepitosamente. Antes ocurrió en Inglaterra con el Breixit o en Colombia con el plan de paz. Ahora le ha tocado a las presidenciales de Estados Unidos. Parece como si en la cocina estadística se haya introducido un nuevo ingrediente que ha estropeado el guiso. Se trata del concepto de victoria de lo razonable: una suerte de recocimiento de lo improbable, por extraño o extravagante, hasta convertirlo en demoscópicamente imposible. Imagino que quizás esto pudiera explicarse por la convicción extendida de que los electores jamás prefieren decantarse por una opción que los perjudica personalmente. ¿Cómo un corpus social en su sano juicio puede mostrase favorable a desligarse de una Unión que objetivamente los enriquece, o descartar un plan de paz que acabará definitivamente con la violencia que los amenaza, o votar a un probable sociópata para dirigir una potencia nuclear? Ayer leía a Antoni Gutiérrez que afirmaba que si Trump vencía habría que replantarse la comunicación política en su integridad. Quizás sea cierto, pero me parece que todo va mucho más allá de una aplicación poco afortunada de una especialidad comunicativa.

Hasta aquí he desgranado diez posibles razones que han pretendido explicar en parte la debacle americana del 8 de noviembre de 2016. Y lo he hecho desde uno de los múltiples aspectos que, sin duda, la explican. Hay otros muchos elementos a estudiar, y no menos importantes, pero parece evidente que el sistema democrático de representación ha entrado en una crisis profunda que, una vez tras otra, lo lleva incluso a autolesionarse. El elector medio parece haberse emancipado, vaga libre de la patria potestad de los partidos políticos. Pero esto quizás no sea forzosamente negativo. Seguro que encuentra un lugar donde asentarse, aunque probablemente no será en el marco de referencia en el que hasta ahora hemos desarrollado nuestra actividad pública.   

dimarts, 8 de novembre del 2016

L’elector emancipat (I)


Resultado de imagen de el cazador pelicula 1978Jornada electoral als Estats Units. Dia de Cavatina. L’última potència universal sembla a punt de trencar-se l’espinada, de fer bocins el mite d’una societat on tothom té dret a somiar proeses personals amb denominació d’origen. O, pitjor encara, potser escollirà engegar-se un tret al cap per no haver de declarar fallida i remat d’antigues glòries i esplendors.

Tan se val si el guanyador és la Clinton o el Trump, l’Amèrica envejada és l’arbre caigut del qual encara ningú s’atreveix a fer estelles. Però, per si de cas, tothom corre a esmolar destrals.

Clinton, una política metàl·lica, inoxidable, que no fa rovell ni en els dies plujosos de novembre. Una candidata de qui s’han entestat a amagar les seves principals virtuts perquè la professionalitat seriosa ja no ven, perquè ni la resistència ni els sacrificis agraden. Una gestora pública solvent que passa per antipàtica, ben segur perquè ho és. Una demòcrata conservadora capaç d’enrocar-se en les seves conviccions, però amb el tremp suficient com per entomar propostes dels seus rivals/companys més progressistes. Una aspirant que ha sortit a jugar amb la samarreta oficial, estripada i bruta, del seu partit. Algú a qui els assessors de campanya han volgut presentar com una àvia afable, una esposa abnegada (i un punt bleda assolellada), una política empàtica, accessible i amable. Així l’han disfressada i s’han ben equivocat. Perquè la Hillary no és res de tot això, i quan pretenen impostar-la només ens arriba la imatge d’una senyora esperpèntica que obre massa la boca quan riu; una pallassa d’aquelles sociòpates que fan cagar de por les nits de Halloween; una iaia de les que fan dormir els nets posant-los licor a la llet calenta d’anar a dormir; una bruixa de beuratges fumejants i perverses intencions. En resum, que els assessors de campanya de la Clinton han anat a la deriva durant tota la campanya. Sembla mentirà que no hagin après res dels comunicadors de Bernie Sanders i de la seva virtuosa posada en escena.

Això no obstant, i tot i reconèixer el perill de que els seus errors els facin perdre les eleccions, per altra banda, s’han tret feina a l’hora de comunicar eficientment l’acció de govern de la senyora Clinton, en cas que aconsegueixi la victòria. Perquè, quines expectatives poden tenir els americans davant d’una política en qui no es confia, de qui no s’espera res de bo? La candidata demòcrata arribarà (presumptament) a la Casa Blanca amb unes expectatives més que baixes; per tant, tot allò que aconsegueixi sumarà en l’actiu de la seva gestió. No haurà de carregar amb el pes, que tan feixuc se li ha fet a Obama, de decebre un electorat amb grans expectatives.

Els responsables de l’equip de comunicació l’han portat a tocar de l’abisme. Ara cal veure si hi caurà o no.

Trump ha aprofitat amb molt d’instint les avantatges de les que disposava. I els seus assessors de campanya han fet un mestratge accelerat en el sempre difícil repte de vendre gènere amb tara visible. És cert, però, que la climatologia els jugava a favor: una mena d’efecte hivernacle universal que està provocant els desglaç accelerat dels imponents icebergs partidistes; un corrent imparable que ha provocat l’emancipació dels electors d’un sistema polític paternalista que progressivament els ha relegat a una funció preadolescent.

Els americans han de triar entre una iaia que obre massa la boca quan riu i un eixelebrat que també obra massa la boca. Entre una senyora que passa per hipòcrita per voler aparentar el que no és i un potiner maldestre que presumeix del que és i del que sembla.

La Terribes i el Basté —quan deixin de ballar amb l’Springsteen, el Bon Jovi, la Madonna o la Lady Gaga— ens explicaran com acaba tot plegat. Potser haurem de reconèixer l’efecte demolidor d’una modesta carta d’un quarterback, un noi humil amb una pilota a la mà.     

dilluns, 7 de novembre del 2016

The end is near


Resultado de imagen de the end is nearJa només falta un dia justet per arribar a la fi de la més depressiva campanya política que ha conegut la humanitat, amb permís de milers d’altres, potser més brutes, avorrides, detestables, abjectes i indignes, però probablement menys transcendents.

La senyora Clinton y el senyor Trump han arribat al final de la cursa electoral amb expectatives certes de fer-se amb la victòria. No ben bé les mateixes, això sí, però amb un cert marge perquè esdevingui l’improbable: el triomf de la monstruosa gàrgola republicana.
Els darrers vaticinis dels principals vidents —amb pàtina científica, això sí— acosten l’ex primera dama al despatx fel·latori que tan disgustos li va donar en el passat: Nate Silver, des del púlpit FiveThirtyEight rebaixa fins a un 33% les possibilitats de victòria de l’outsider conservador (3 punts per sota de la seva rival en vot popular); Larry Sabato, que farda de tenir una bola de vidre instal·lada en el seu departament de la Universitat de Virgínia, més o menys coincideix amb les prediccions anteriors, potser amb una mica més de marge per la senyora Clinton.

En resum, que els meus amics respiren alleugerits: tot sembla apuntar a la victòria raonable. I vet aquí, que entre facècies retòriques i excés d’adjectivació arribo a la modesta tesi d’aquest article: els amics de l’ordre (constitucional o no) del meu país volen l’èxit de la candidata demòcrata. I, amb l’habitual posat de superioritat dels europeus vells, no acaben d’entendre com els americans han estat capaços de portar fins a l’enreixat que envolta la Casa Blanca a un tros d’impresentable com el senyor Trump. Curiós, si més no, aquest massatge limfàtic que serveix per desentumir les articulacions encarcarades de tots aquells, i certament n’hi ha molts, que també han portat a trossos de fusta fins a la presidència d’alguns dels països que conformen el moll de l’os de la civilització hegemònica i occidental, per gràcia dels mapes etnocèntrics.

Potser això explica perquè els principals comunicadors de casa nostra s’han buscat un desplaçament de feina, imagino que amb dietes incloses, per tal de seguir in situ la jornada electoral, els prolegòmens i l’epíleg. Tinc un conegut, que no té massa simpatia pels mitjans de comunicació catalans, que l’altra dia mirant al sol, fent visera amb la mà, va dir-me: “mira, els voltors han aixecat el vol i van cap a Amèrica per assistir qui sap si a la caiguda de l’imperi”. Jo vaig provar de mirar cap a on ell mirava i la veritat és que no vaig veure ni voltors, ni falcons, ni pardals. Suposo que va ser perquè el tros d’ase mirava cap a l’est. Encara que si haig de dir la veritat tampoc vaig veure cap traça dels castell de focs amb què els russos deuen haver celebrat els 99 aniversari de la revolució d’octubre (un altre dia faré una entrada sobre les trampes del calendari).

Així doncs. el gremi dels noticiadors ha marxat a aixecar acta a Manhattan o a Washington. Tot ell amb l’ai al cor no fos cas que la senyora Clinton no s’emporti la victòria. Però tot, també, amb la inconfessable esperança d’estar a punt d’assistir a un cataclisme de conseqüències fatals. Posats a predicar que millor que fer-ho amb la vella lletania del “the end is near” per culpa dels vostres pecats, cony d'americanots.        

dimarts, 17 de maig del 2016

Sobre vehicles antiquats i velles idees que busquen transport

The New YorkerSegons la primera del New Yorker, Trump ha escorxat el GOP, el vell elefant republicà. Les eleccions espanyoles de juny, també tindran una deriva gore? Què passarà amb el superdissabte de neteja i endreça de CDC? Plomall superficial o raspall, llexiu i salfumant? Programa per roba delicada o centrifugació i altes temperatures? Per netejar a consciència és imprescindible ventilar i una ventilació deficient, amb materials tan inestables flotant per l'ambient, pot acabar en implossió: visceres escampades arreu i molta sang, una manera encara més cridanera d'escorxar un vell partit.

dimecres, 20 d’abril del 2016

Nova York ha dictat sentència


Les taules electorals a Nova York són iguals que a les eleccions a Olesa! Olesa=primer món

Clinton i Trump probablement han donat el cop definitiu en les primàries dels seus partits, encara que els seus rivals s’entestin en prosseguir una cursa que tenen perduda.

A la redacció del New York Times aquesta nit s’han tret un pes de sobre. La seva aposta per l’establishment demòcrata s’ha vist finalment recompensada amb una victòria indiscutible en el cor de l’Amèrica cool. Les darreres setmanes han estat un continu ai al cor, amb el candidat Sanders cada cop més venerat, cada vegada més fort, més agressiu, més valent, més incòmode. Per resumir-ho gràficament es podria dir que Sanders ha anat rejovenint a mesura que passaven els dies i la iaia Clinton perdia esma, tota ella extraviada en les seves performances de pel·lícula americana de sèrie B. Mentre el senador de Vermont sempre del bracet d’una gernació de joves il·lusionats i inconformistes, anava omplint auditoris i parcs en els barris més populars de la poma grossa, la senyora Rodham-Clinton, a manca de marit presentable, es penjava del coll del millor recaptador de fons de la campanya, l’atractiu George Clooney, who else —un canvi encertat indubtablement si ens fixem en l’aspecte de l’expresident, sempre amb cara d’estar a punt de netejar-se els rastres de semen de la corbata—.

Els demòcrates han sortit de la batalla novaiorquesa amb algunes ferides, res que no es pugui guarir en els propers mesos. Al senyor Sanders encara li queda corda, fons i moral per seguir tocant els nassos, com a mínim fins que el circ arribi a Califòrnia. La setmana que ve, però, se li anuncia nova pedregada a Pennsilvania, acompanyada de clars en altres estats menors. Si algú encara tenia dubtes, Nova York els ha esvaït definitivament: Clinton guanyarà la nominació demòcrata, Sanders ja no té marge per capgirar el resultat, els superdelegats (càrrecs institucionals i membres destacats del partit) pesen massa. L’establishment demòcrata viu en l’eufòria i ja comença a treballar per aconseguir que els partidaris de Sanders no es desmobilitzin i recolzin la senyora Clinton en les eleccions de Novembre. Alhora, resten amatents a segar l’herba de qualsevol sense etiqueta que pugui presentar candidatura d’última hora a les presidencials, contribuint a fraccionar el vot progressista per a major glòria dels conservadors. Es tracta també de fidelitzar les minories que tan útils han estat per a l’ex secretària d’estat. Les elits demòcrates, doncs, tractaran de baixar al carrer per seguir la traça que ha deixat Bernie Sanders, amorosint la imatge de la freda, distant, artificiosa i massa enverada Hillary Rodham-Clinton.

Per la banda republicana, l’indiscutible victòria de Trump ha acabat de deprimir als capitostos d’aquest partit. Ja ho va dir el candidat en el seu discurs d’agraïment davant d’una selecta audiència concentrada en l’edifici de la cinquena avinguda, de la seva privada propietat (quina enveja deuen tenir els de CDC, embargats per un sentiment de finançament irregular): “aquest és el triomf dels americans de veritat sobre els paràsits que volen apropiar-se de la nostra gran nació”. Encara que si us he de dir la veritat, no sé si es referia als immigrants, als pobres, a les minories racials, a les dones treballadores o als dirigents del partit republicà. Trump ha apallissat els seus contrincants, a Kasich, que ha fet una meritòria segona plaça però a més de 35 punts del magnat, i a Cruz, que aquesta nit vagava per Central Park salmodiant: “Senyor, per què m’has abandonat?” Els dirigents republicans s’ensumen quatre anys més en l’oposició presidencial on no neva ni plou, però fa un fred glacial. Trump és massa impresentable per guanyar-se el favor dels votants no conservadors, tot en ell repugna, fins i tot més que la senyora Clinton, que ja és dir. Per això, al contrari que els demòcrates que aprofitaran les properes setmanes per consolidar la candidatura oficial, els republicans intentaran pressionar la perla de Wisconsin, Paul Ryan, el jove cap de la majoria que gestionen en la cambra de representants, per tal que doni un pas endavant i es decideixi a plantar batalla en la convenció que haurà d’escollir el presidenciable del partit. Estan tan trasbalsats i desesperats els republicans que no farien fàstics a desnucar el sistema de primàries, amb un cop de gràcia fatal, per evitar que Trump sigui el seu cartell aquest novembre. Clar que tenen mala peça al teler: Ryan, encara nafrat per la rebolcada que l’Obama va fer-li a la candidatura de Mitt Romney, de la qual ell n’era candidat a vicepresident, no sembla disposat a acceptar l’encàrrec. Diuen que prefereix esperar a que la senyora Clinton s’hagi cuinat en la salsa de la seva pròpia incompetència i antipatia. Però no se sap mai què pot arribar a passar. El think tank republicà, horroritzat davant el panorama, l’intenta convèncer amb l’argument de l’oportunitat que vola i que potser no es torna a presentar: la candidata demòcrata confirmada ahir és feble i desperta molt de rebuig en l’americà mitjà. I les enquestes, factuals totes elles, semblen apuntar en aquesta direcció: en cas que Ryan fos el candidat republicà tindria moltes possibilitats de vèncer la candidata Clinton. Clar que si hem de fer cas a aquestes mateixes enquestes, l’improbable Ryan perdria davant de l’ahir derrotat Sanders. Tot un embolic, si em volen fer cas. Un merder de primera que s’explica pel fet que aquells que voten en les primàries són militants o simpatitzants de partits, mentre que els cridats a votar en les presidencials són tots els ciutadans. I, ja se sap, no acostumen a pensar el mateix els enquadrats que els “desparramats”.  

  

dimecres, 16 de març del 2016

Guanya la ira



La cursa per la nominació republicana avança imparable cap al triomf del candidat Trump, com a mínim en vot popular. Es podria dir que és el triomf de l’americà conservador, patriota en el pitjor sentit imperialista de la paraula, força incult, habitualment mal nodrit per excés calòric, aquell que, segons Camille Paglia, ha acabat amb la vida intel·lectual als Estats Units.

Però aquesta simplificació no és en absolut certa, ja que porta a l’equívoc de pensar que l’americà tipus és com l’adherit tipus del partit republicà (no confondre amb el votant). Per tant, tranquil·litzem-nos i baixem el nivell d’alarma a Defcon 3. El triomf del multimilionari Trump és també el d’un segment de la població emprenyat amb la resposta que els dirigents del seu partit han donat a la crisi i al període de govern del president Obama. I aquí cal situar un avís seriós: les bases enfadades tenen més força electoral que els falcons que niden en el districte de Columbia. D’altra manera no s’explicarien les clatellades que successivament s’han fotut els candidats preferits de la direcció del partit: Bush (el tercer) i Rubio. El senador de Florida, humiliat al seu propi estat, on Trump el va guanyar clarament, ja va anunciar ahir mateix que “suspenia” la seva cursa per la nominació.

Però atenció perquè els irats viuen amb les seves preferències dividides, entre el magnat Trump, la personalització de les oportunitats que mai han tingut, i el missaire Cruz, un dels pocs mortals que parla directament amb Déu. Malgrat el triomf contundent del novaiorquès que l’acosta cada vegada més a la majoria necessària, en cap estat ha aconseguit un recolzament superior al 50%. I això és molta contestació interna a pocs mesos de la convenció que haurà de decidir el candidat.

Per la banda demòcrata, també ha passat allò que tothom preveia. Amb molta diferència a Florida, i de manera més ajustada en els altres estats, la Clinton continua la seva marxa triomfal cap a la seva proclamació. Sanders perd amb classe i, de pas, anuncia que encara no pensa tornar a casa.

Què tenen en comú Rondham Clinton i Trump, a més de les seves arrels a Nova York, on també va néixer Sanders? Doncs ara per ara, si hem de fer cas a la darrera enquesta de Gallup, l’opinió majoritàriament desfavorable que ambdós desperten entre els seus compatriotes. La demòcrata es vista amb desconfiança per un 53% de la població. El republicà, per un 63%. Un rebuig inèdit, segons els principals analistes polítics, pel fet que es comú a les dues figures principals en la carrera política cap a la presidència. Els arguments amb què els americans justifiquen el seu recel són diferents. La senyora Clinton projecta una imatge d’una certa correcció formal i unes capacitats contrastades, però es vista com una membre destacada de l’elit política que ha governat d’esquena als ciutadans i ha permès la conversió del somni americà en un malson per a molts, amb un increment inexorable de les desigualtats. El magnat Trump, que té al seu favor una llunyania relativa dels cercles de poder de Washington i que, per tant, és vist com un polític sense etiqueta partidista (ja sé que això sona a increïble quan estem definint al candidat d’un partit concret), és vist com un groller insuportable, un animal de maneres xulesques, un racista impenitent, maleducat, tosc, escassament preparat (sobretot en matèria diplomàtica)...

 “Els dos principals partits ara s'han d'enfrontar a l’escepticisme, la resistència i el disgust” que, entre els seus, desperten els probables vencedors de les primàries, afirmava el New York Times en la seva editorial d’ahir. D’aquest desamor en parlava fa una colla d’anys en Tennessee Williams: “Vivint amb qui estimes, pots sentir-te més sola que vivint completament sola, si la persona que estimes no et correspon”. La sola era ni més ni menys que l’Elizabeth Taylor, la gata sobre el... calent, calent.